¿Por qué nos preocupa calcular, metrificar y datificar? Reflexiones desde el psicoanálisis y la teoría del totalitarismo

El Verano que pasó, que ya ha quedado bien lejos, dejó una serie de reflexiones y preguntas a las que el lento camino introspectivo hacia la estación fría del invierno busca dar respuestas. El verano es tiempo, para mí, de pensamiento y atención libremente flotante sobre el año que pasó y lo que viene.
Algunas de mis lecturas de este año orientaron fuertemente la exploración del problema de la datificación, sobre el que vengo reflexionando casi desde el mismo 2015, si bien mi trabajo empezó a ver la luz en el 2017.
No pude menos que apreciar entre el 2018 y este 2019 que va, las preocupaciones diversificadas, los enfoques diversificados hacia el problema de la datificación como problema emergente en la sociedad y en la educación. Fui siguiendo distintos autores que me permitieron ir descubriendo facetas. Me gusta mucho la idea de “spot” en inglés, que se usa justamente para indicar ese “hechar luz” sobre una zona oscura. No es que la oscuridad se ilumine inmediatamente, se hace luz sobre un espacio específico. Como los reflectores en el teatro. Así, fuí desarrollando un lento camino de lecturas, desde Ben Williamson (su blog), que fue iluminando zonas críticas de la mercantilización conectada al uso de plataformas que recogen datos masivos y generan algoritmos en la educación desde la infancia a la universidad. Luci Pangrazio y Neil Selwyn, que me acompañaron a comprender la importancia de agregar una perspectiva personal y crítica a los más típicos enfoques de alfabetización en datos focalizados en habilidades computacionales, estadísticas y gráficas para la visualización (enlace al artículo donde presentan esta idea). Raúl Barghava y Caterine D’Ignazio, que orientando su práctica en educación cívica para la apropiación de dato desde la ciudadanía han generado una serie de instrumentos y actividades inmediatamente aplicables, son una indudable fuente de inspiración para cualquier educador (aquí podéis acceder al blog de Rahul y al de Caterina).  Alan Freihof y Rosana Kirsch me iluminaron al ofrecerme su enfoque de cómo pensar la alfabetización en datos desde la pedagogía crítica de Freire (aquí el artículo), perspectiva también adoptada por Annette Markham (su artículo) y que Annalisa Manca y sus colegas comentan más específicamente en el uso de los Open Data (su artículo).  A través de este recorrido (que agrega todavía muchas más lecturas secundarias, ahora que estoy trabajando en una revisión de literatura junto a Bonnie Stewart), me voy construyendo entre voces que resuenan pero con una idea precisa de mi dirección. Alfabetización en datos para apropiarse de los datos, a través del método de las ciencias de la educación, que es donde “he acampado”, en el vasto paisaje de las ciencias sociales. La educación puede generar espacios de cambio, espacios de encuentro generativos.

Ya desde el invierno pasado, sin embargo, el dispositivo de las ciencias de la educación me va quedando corto.

El riesgo de las ciencias de la educación es que se focalicen en la “ingenierización” de espacios que permitan la adquisición de habilidades que un colectivo necesita para responder a objetivos del poder. Esos son los clásicos enfoques, en nuestro caso, de la “data literacy” focalizada en el desarrollo de habilidades técnicas (escribir código para crear y manipular algoritmos, aplicar formas de análisis estadístico avanzados, realizar gráficos atractivos y dinámicos). Para generar cambio, los espacios educativos se deben convertir en ámbitos de lo impensado, donde es posible reflexionar para construir habilidades críticas delante de un problema emergente, sin más dirección precisa que la que se da el colectivo participante.

Y en esto me ha ayudado un breve recorrido por los debates activados desde las ciencias políticas y la sociología, cual es el caso de Stefania Milan y su posición respecto del activismo en datos hacia la construcción de nuevas epistemologías para pensar la sociedad datificada (data epistemologies).  La cuestión del activismo me impactó inmediatamente, pues se trata de un espacio de cambio social cuyo objetivo no es adquirir habilidades o conocimientos pero sí impactar de modo potente (más o menos violento) sobre prácticas de poder existentes. Mi intención inmediata ha sido incluir esta visión en un enfoque educativo, si bien activismo y educación podrían verse como un oxímoron, en cuanto a la naturaleza no estructurada ni controlada por fines de aprendizaje de la primera y absolutamente centrada en la adquisición de habilidades, conocimientos, competencias, de la segunda.

Voy también construyendo mi propio itinerario a través de conversaciones o colaboraciones con Javiera Atenas (Open Data y Educación) Bonnie Stewart) ( Digital Scholarship y critical literacies) Stefania Manca (Digital Scholarship y Open Data) Maria Ranieri (Critical Literacies y faculty development), Albert Sangrá  (calidad de la educación superior y excesos de la metrificación en el ejemplo de los ránkings) Patrizia Ghislandi (calidad del elearning y epistemología de la evaluación), Marcelo Maina y Lourdes Guardia (Open Data and research) y Nan Yang (analíticas de aprendizaje, e investigación “data-driven” en educación, hacia nuevas epistemologías), y Jordi Quintana (cuáles aplicaciones de los Big Data a la educación).
Con estos colegas he ido produciendo trabajos, estudios y presentaciones relacionados con una crítica a la datificación pero  dejando siempre abierta una puerta a la necesidad de comprender cada nuevo fenómeno desde la profundidad de su naturaleza social, atravesada por las tecnologías pero no debida a ellas. Cada uno de estos colegas tiene una posición tomada a través de su propio trabajo: desde la exploración cauta y más bien escéptica en algunos casos, hasta abrazar las técnicas y las políticas de uso de datos en la sociedad y en la educación. Algunos de estos colegas se orientan por el faro de la distopía y buscan las zonas de luz sobre el drama de la datificación y la vigilancia. Otros, en el faro de la utopía para iluminar formas de trabajo innovadoras y empoderadoras. Todos ellos, siempre en el profundo respeto de la condición humana y la pasión por hacer de la educación no un dispositivo de dominación, sino un espacio de direccionamiento agentivo de las capacidades de las personas que aprenden.

Sin embargo, aún no veo, en todas estas islas de trabajo, enlaces, puentes y mapas que permitan ver el continente. Recorremos los senderos de las hormigas, pacientemente, pero sin ver el todo. Colaboramos andando por tierras inexploradas y vamos trazando los senderos por los que otros puedan ir caminando, como nuestros mismos alumnos.  

Al llegar el verano, el cansancio requiere esas lecturas que despejan, ir a esos libros que esperan pacientemente en el anaquel de ser vistos o vueltos a ver. Esos libros que no tienen urgencia, como “Mantieni il bacio. Lezioni brevi sull’amore” del psicoanalista italiano Massimo Recalcati o la traducción italiana de “Essays on Understanding 1930-1954” de Hannah Arendt (Antologia. Pensiero, azione e critica nell’epoca dei totalitarismi).

Sin embargo, me he ido a cada uno de estos libros, como con un ruido de fondo, una pregunta que me he ido haciendo todo el año de trabajo. ¿Por qué nos preocupa predecir el futuro (a través de los datos)? ¿Por qué nos obsesionamos en metrificar la realidad?

Que la humanidad lo haya hecho a través del Oráculo de Delfos en la antigüedad clásica, o de la filosofía, o de la observación científica en la ciencia positiva, o más recientemente, a través de algoritmos, parecen solo ser matices de un trasfondo común, una humana preocupación por controlar el presente para controlar el futuro.
El hecho que los algoritmos, basados en la probabilidad de Bayes, puedan modelar el pasado con tanta precisión que se espera traducirán el futuro en lo esperado, sin embargo, se contrapone a un principio fundamental del futuro…la imprevisibilidad de la acción humana. ¿Pero que es lo que nos horroriza tanto de la imprevisibilidad?
Se sabe, el cerebro humano busca esquemas; la ciencia, a través de la observación empírica sistemática busca extraer patrones de relación o causa efecto. Los algoritmos, basados en datos masivos, funcionan en base a modelos matemáticos…que son esquemas de pensamiento.
¿Cuál es el riesgo, el límite de la esquematización de la realidad? Su simplificación.
La gran insistencia del psicoanálisis como saber crítico, nacido en un siglo XIX en el que se enraizaba el positivismo en la ciencia, es que el ser humano está marcado por el deseo, y éste es elusivo: corre delante, salta de un objeto a otro sin ser jamás alcanzado. Ese hecho impone una limitación a la aspiración de perfección del ser humano: la búsqueda de sí mismo como conflicto existencial, en cuanto infinita e incierta. Y sobre todo, dolorosa.

He aquí que aunque capturemos más y más datos, aunque generemos estructuras godzilianas de tratamiento de dichos datos, y elaboremos analíticas de enorme precisión, las preguntas humanas se deslizarán hacia adelante, y los sistemas quedarán siempre obsoletos, siempre a ofrecer respuestas parciales.

No podemos más que comprender, al generar sistemas de ránkings, de analíticas y de recogida interoperable de datos que podremos responder a algunas preguntas y abriremos inmediatamente otras. Sólo la operación dialógica, participativa, en la cuál se construye la subjetividad individual y colectiva puede dar lugar a respuestas más completas, y sin embargo, no por ello definitivas. Es la búsqueda de comprensión de las pulsiones oscuras, de la racionalización a favor del control del yo, según el psicoanálisis, la única acción posible para no convertirse en una víctima del movimiento despiadado del deseo y el dolor existencial que su búsqueda ciega acarrea. Y aquí ya tenía una punta de ovillo que tirar para poner en orden mi ex-cursus, pues es ese movimiento incesante de búsqueda de información y de esquematización una operación de la racionalidad por controlar el caos, pero todavía faltaban piezas por colocar. 

Mi pregunta¿Cuál es el riesgo, el límite de la esquematización de la realidad? parecía respondida. Pero sólo en parte.
Fue así que recordé los escritos de la Arendt sobre la comprensión, la vida activa, de frente a los horrores del totalitarismo. Voy a citar parte del texto que leí en italiano:

I due ostacoli principali sulla strada (…del totalitarismo) sono, da un lato, l’imprevedibilità, la fondamentale inaffidabilità dell’uomo, e dall’altro, la curiosa incoerenza del mondo umano. (…)la libertà umana di cambiare idea è un pericolo grande e rilevante. Di conseguenza, se l’obiettivo è quello di far rientrare l’uomo nel mondo fittizio e ideologicamente orchestrato del totalitarismo, non è piú necessaria l’oppressione, ma il dominio totale e certo su di esso. Il dominio totale di per sé è del tutto indipendente dal contenuto effettivo di ogni specifica ideologia (Hanna Arendt, 2008[1994],150-151)

Para la Arendt los totalitarismos bolchevique y nazista crearán máquinas administrativas y de opresión idénticas:

Mi riferisco alla credenza nell’onnipotenza dell’uomo e allo stesso tempo nella superfluità degli uomini; la convinzione, cioè, che tutto sia permesso e, cosa ancora più terribile, che tutto sia possibile. Stando così le cose, la questione dell’originaria erità o falsitpa delle ideologie perde di importanza. Se la filosofia occidentale ha sempre sostenuto che la realtà è verità -in quanto ciò è ovviamente il fondamento ontologico della adaequatio rei et intellectus – il totalitarismo ne ha tratto la conseguenza che noi possiamo fabbricare la verità nella misura in cui fabbricchiamo la realtà; che non dobbiamo attendere fino a quando la realtà si rivelerà e ci mostrerà il suo vero volto, ma che possiamo creare una realtà le cui strutture ci saranno note sin dal principio poiché essa è integralmente un  nostro prodotto. 
…In virtù di questa relazione totalitaria con la realtà, il concetto stesso di verità ha perso di senso. Le bugie dei movimenti totalitari, inventate al momento, ma anche le falsificazioni operate dai regimi totalitari, sono secondarie rispetto a questo atteggiamento fondamentale che esclude la distinzione stessa tra verità e falsità (ibidem, p.153)

Cuál es la relación con la datificación. O con il dataísmo….?

Esa obsesión por producir datos se fundamenta en la necesidad de fabricar la verdad. En el mejor de los casos la intención es ingenua, se trata de dar una apariencia “sólida” y verdadera, íntimamente relacionada con el método científico (que asume su propia narrativa como independiente de la influencia subjetiva y política de los investigadores). Sin embargo, la propaganda ha hecho uso frecuente de las estadísticas, en tiempo pasado. Y las métricas han abundado, usándose siempre como sistema de representación “objetivo” de la realidad que encierra desde su concepción ideologías, poder y manipulación. Recuentos de muertes para indicar el éxito en la Guerra del Vietnam por el gobierno americano (véase el excelente documental “Vietnam War” -Burns & Novick, 2017-), uso del PBI para analizar los niveles de riqueza de las naciones como métrica ampliamente criticada posteriormente (véase la discusión orientada por Amartya Sen y Martha Nussbaum a través de su enfoque basado en las capacidades hacia la generación de nuevos indicadores de desarrollo humano) u obsesión por extraer y generar datos en los procesos educativos para cuantificar el grado de impacto y avance en las políticas de “No Child Left Behind” (Como lo cuenta Jerry Muller en “The Tyranny of Metrics”, en su capítulo 8). Estos ejemplos parecen no haber bastado, y en la actualidad se traducen en algoritmos, armas de destrucción matemática (O’Neill, 2018[2017]), y de reificación de la desigualdad (en el escalofriante libro “Automatización de la desigualdad” de Virginia Eubanks). Se persiste en aquella obsesión de cuantificar sin una adecuada conexión de las métricas y sus tecnologías a los procesos de construcción social de la realidad. Vuelvo al primer párrafo de la Arendt: Los dos obstáculos principales en el camino (… del totalitarismo) son, por un lado, la imprevisibilidad, la falta de fiabilidad fundamental del hombre y, por otro, la curiosa incoherencia del mundo humano. (…) la libertad humana para cambiar de opinión es un peligro grande y significativo. En el caso de la cuantificación y de la datificación, el totalitarismo ha sido cambiado por una creencia ingenua sobre el poder del avance tecnológico para resolver el problema perenne del ser humano de encontrarse delante de su drama existencial: su búsqueda continua de sí mismo y del sentido de sus acciones. Un totalitarismo tecnológico de nuestros días. Esto me lleva a otra serie de reflexiones relacionadas con la excesiva importancia dada a la ingeniería y la tecnología en nuestros días, en desmedro de las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Aquella parte del saber humano que si bien no construye materialidades, explica procesos, comprende impactos y orienta la comprensión, en el sentido más arendtiano que podamos imaginar.

La tecnología de la metrificación y la datificación en nuestros días arriesga la producción de una verdadera banalidad del mal. 

Y por ahora, dejamos acá.

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Traducciones libres de las citaciones

Párrafo I: Los dos obstáculos principales en el camino (… del totalitarismo) son, por un lado, la imprevisibilidad, la falta de fiabilidad fundamental del hombre y, por otro, la curiosa incoherencia del mundo humano. (…) la libertad humana para cambiar de opinión es un peligro grande y significativo. En consecuencia, si el objetivo es devolver al hombre al mundo ficticio e ideológicamente orquestado del totalitarismo, la opresión ya no es necesaria, sino una dominación total y segura sobre ella. La dominación total por sí misma es completamente independiente del contenido real de cada ideología específica

Párrafo II: Me refiero a la creencia en la omnipotencia del hombre y al mismo tiempo en la superfluidad de los hombres; la convicción, es decir, que todo está permitido y, aún más terrible, que todo es posible. Siendo este el caso, la cuestión de la erudición original o la falsedad de las ideologías pierde importancia. Si la filosofía occidental siempre ha mantenido que la realidad es la verdad, ya que este es obviamente el fundamento ontológico de adaequatio rei et intellectus, el totalitarismo ha tenido la consecuencia de que podemos fabricar la verdad en la medida en que fabricamos la realidad; que no debemos esperar hasta que la realidad se revele y nos muestre su verdadera cara, sino que podemos crear una realidad cuyas estructuras nos serán conocidas desde el principio, ya que es completamente nuestro producto.
… En virtud de esta relación totalitaria con la realidad, el concepto mismo de verdad ha perdido su significado. Las mentiras de los movimientos totalitarios, inventados en ese momento, pero también las falsificaciones operadas por los regímenes totalitarios, son secundarias a esta actitud fundamental que excluye la distinción misma entre verdad y falsedad.

 

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