Una academia que respira lento: conversaciones, cafés y resistencia al vértigo tecnológico

En un rincón del tiempo que parecía resistirse a la prisa, entre tazas de café humeantes y conversaciones llenas de pausas significativas, se dibuja una academia distinta. Es un espacio donde la investigación no solo se hace, sino que se siente y se cuestiona. Donde los porqués y los paraqués se convierten en el eje central de un diálogo que trasciende generaciones: docentes senior, investigadores junior y estudiantes compartiendo miradas, dudas y certezas. Aquí, la academia no corre; camina despacio, abrazando el tiempo como una oportunidad para pensar mejor. Fue así que visité la Universidad de Barcelona, con la que compartí una serie de momentos en el contexto de un proyecto naciente, ETH-TECH “Anclando la ética de la tecnología postdigital (IA, plataformas, datificación)”. Este proyecto nació justamente de nuestra pregunta (Pablo Rivera-Vargas, Judith Jacovkis, Ezequiel Passeron de @FaroDigital) sobre qué presencia tiene la ética de la tecnología postdigital en la formación de futuros maestros y educadores. La idea se enriqueció y creció a partir del encuentro con Sigrid Hartong e Ina Sander de la Helmutt Schmidt Unversität, a las que pude conocer a partir de su trabajo en Unblack de Box entre otras lecturas. Compartimos docencia con Sigrid que me invitó a su clase y respondí a cuestionarios de la investigación de Ina, lo que me dió la posibilidad de ir comprendiendo que ellas podían aportar una clave muy importante al proyecto, en relación a la construcción de recursos educativos abiertos (OER) para que todos y todas en el mundo educativo pudieran apropriarse de los conceptos con los que estabamos trabajando. También se sumó al grupo Oana Negru de la Universidad Babes-Bolyai, que con su experiencia en la construcción de la identidad en redes sociales aportaría un focus sobre la dificultad de realizar elecciones morales respecto de la tecnología en la práctica e identidad profesional educativa. Y para cerrar con un broche de oro, logré subir al equipo a Maria Ranieri y Gianna Cappello de la Asociación de Educación Medial italiana, que cuentan con más de treinta años difundiendo una educación crítica de las tecnologías en un país que parece resistir bastante esa perspectiva.

¡Éxito! El proyecto fue aprobado y ahora la cancha es nuestra. Pero como del dicho al hecho hay mucho trecho, sabía que iniciar un recorrido de esta naturaleza quería decir volver a tejer la trama de relaciones e ideas que le dieron origen.

No podía más que empezar por cargarme de la energía intelectual del equipo Esbrina Recerca donde volvimos a profundizar el problema de realizar elecciones éticamente sostenibles en un contexto donde mucho se escribe (sobre ética de la tecnología y sobre todo, de la IA) pero poco entra en las aulas.

Nuestro trabajo se desarrolló en una serie de encuentros de discusión entre investigadores senior y junior.

Un proyecto naciente y las ausencias que incomodan

El primer encuentro fue un punto de partida prometedor. Nos reunimos para discutir un tema tan vasto como necesario: la ausencia de perspectivas críticas en la enseñanza de la tecnología educativa. El grupo participante estaba conformado por las y los miembros de la unidad de trabajo del proyecto. Hablamos de la “estructura ausente” (Umberto Eco, non me ne volere…), ese vacío que deja de lado las preguntas incómodas y las reflexiones profundas sobre cómo y para qué utilizamos la tecnología en la educación y que luego, como queda bien documentado en la literatura, se llena de la hipérbole de mitos tecnológicos (en el link, la magnífica interpretación del Prof. Dr. Guillermo Orozco, desde cátedra AMIDI sobre un artículo publicado con Cristóbal Suárez Guerrero, Pablo Rivera-Vargas y quien escribe) . Desde esta idea germinal, el proyecto comenzó a tomar forma, per ahora discutimos qué enfoque adoptar para demostrar esa ausencia. No se trataba solo de señalar un vacío, sino de cuestionar por qué existe y cómo podemos abordarlo. Ya contaremos más sobre la metodología en la que estamos profundizando desde las perspectivas de los cuatro grupos de investigación en cuatro realidades culturales diferentes. Trataremos de abordar esos contextos a nivel nacional (Alemania, España, Italia y Rumania).

Entre metodologías y enfoques más allá de lo técnico

En el segundo encuentro, nos adentramos en un terreno metodológico complejo, pero fascinante. La inteligencia artificial y los datos en la educación se colocaron en el centro del debate, acompañados de métodos postcualitativos y mixtos. Nos dimos cuenta de que no basta con investigar desde lo técnico; es necesario trascender la “techne” y preguntarnos qué implica esto para las personas y los contextos educativos. La investigación postcualitativa nos da ese marco de referencia, desde el momento que critica lo normativo de la investigación y se sumerge en los fenómenos y procesos estudiados como un proceso de deconstrucción de los mismos hasta llegar a cuestionar la implicación misma de investigadoras en investigadores, quienes pueden provenir de un contexto cultural elitista separado de la realidad social que se explora. En ese sentido necesitamos pensar el estudio de la tecnología educativa como algo que cuestiona nuestro lugar de saber, considerando que muchos saberes y formas de resistencia se encuentran ya en acto, ya son parte de repertorios de activismo digital, por ejemplo. La conversación fluyó entre perspectivas y enfoques, pero siempre con una certeza: necesitamos hacer preguntas más profundas, más humanas sobre nuestro devenir y el lugar de la educación como dispositivo social, dejando de preocuparnos por el prompt engineering y otras modas de la hiperproductividad tecnocrática.

Cuantitativo, pero crítico: el desafío de los datos

El tercer encuentro nos llevó al mundo de los números y las variables, con R y RPubs como nuestro aliado en la práctica de la ciencia abierta. Sin embargo, no todo quedó en la superficie cuantitativa. Nos detuvimos a reflexionar sobre la semiótica del dato, sobre lo que estos números representan, lo que ocultan y lo que revelan sobre nuestras prácticas educativas. ¿Por qué no se puede ser un investigador crítico si se trabaja con investigación cuantitativa? ¿Porqué tenemos que seguir dividiendo el mundo entre quien ama los números y quien los detesta? Claro está, hoy por hoy la ciencia social cuantificada tiene ese lustre, esa apariencia glamorosa del dataviz que muchas revistas de cuartiles altos aman. ¿No será el complejo de inferioridad de la pedagogía de cara a otras ciencias? ¿Y de las ciencias sociales de cara a las ciencias duras? La conversación se pone freudiana, je je. Nuestro encuentrogiró en torno a cómo podemos utilizar estas herramientas de manera crítica, evitando caer en la tentación de reducir la complejidad a cifras aisladas, pero abrazando toda la discusión sobre la incerteza en la medición, la representación y la comprensión que activa la síntesis matemática.

Una clase del futuro: entre distopías y utopías

El cuarto encuentro fue especial. Compartimos una clase con estudiantes de educación social, explorando cómo la inteligencia artificial imagina el futuro de la enseñanza. Hablamos de distopías éticas: la vigilancia constante, la comercialización de datos y la reproducción de patrones predecibles. Pero también miramos hacia la utopía, esa fuerza motriz que, desde la microacción y la resistencia, nos permite desafiar el relato de un futuro tecnológico único y dominante. Fue un ejercicio poderoso, que nos recordó que, incluso en un presente lleno de incertidumbres, hay espacio para imaginar alternativas.

Acá las diapos que compartí con el alumnado.

La pausa como resistencia: pensando la plataformización y la datificación

El último encuentro fue una bocanada de aire fresco en medio del estrés académico. Durante dos horas, dejamos que las palabras fluyeran con calma, explorando nuestras preocupaciones sobre la plataformización, la datificación y la creciente presencia de la inteligencia artificial en la educación. Fue un momento para cuestionar no solo el contenido de nuestras investigaciones, sino también los dispositivos y los ritmos que las acompañan. En este ejercicio de resistencia al vértigo, encontramos el espacio para repensar nuestras prácticas y soñar con alternativas más humanas.

La academia que queremos

Al final, lo que se vivió en estos encuentros es la academia que queremos: un lugar donde se valore el tiempo lento, donde las preguntas sean más importantes que las respuestas, y donde la colaboración intergeneracional nos ayude a construir perspectivas más amplias, justas y críticas. Este espacio, lleno de abrazos, cafés y conversaciones, no solo es un refugio frente al ritmo acelerado de la publicación científica; es una declaración de principios.

Acaso estos pequeños momentos de resistencia, de las semillas que plantamos en cada discusión, en cada idea compartida, tenga la fuerza de una revolución naciente. Esta es la academia que queremos, y estamos dispuestos a construirla, paso a paso, con la mirada puesta en un futuro más justo, más humano.

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